jueves, enero 18, 2007

SANTANA. ”Abraxas” (1970, Columbia)


Un año después de apacecer en el Festival de Woodstock de 1969, el guitarrista mexicano Carlos Santana y su banda, surgida en San Francisco en la segunda mitad de los ’60, sorprenden al mundo con un sensacional disco, el segundo de su carrera y su gran obra maestra, Abraxas, posiblemente el mejor disco de rock latino que jamás se haya grabado, que ha tenido una influencia enorme en la música posterior.

Santana experimenta e innova, introduciendo sonidos étnicos, Jazz e incluso música clásica, que el añade a la base de su música, mitad blues, rock y r&b, con sus dos mayores influencias, B.B. King y Jimi Hendrix, y mitad ritmos y música tradicional latina, que él prefiere llamar afrocubana.

A día de hoy su música no parece tan nueva, porque sus innovaciones han sido adoptadas por multitud de músicos de todos los estilos y porque hoy parece que la música latina está de moda, pero Carlos Santana, al frente de su banda, fue el primero en incorporar los difíciles ritmos de la música latina dentro del rock, creando una especie de world music treinta años antes de que se inventase esa etiqueta. Reconocen su influencia los músicos más diversos, desde el rock latino hasta el hip hop, pasando por los sonidos latinos del Jazz fusión, el reggae, el acid jazz y un largo etcétera, sin dejar de ser nunca un músico de Rock y de R & Blues.

Abraxas aparece en plena época "hippie", y se ve influido por la estética de la época ya desde su portada, así como el título esotérico, y su sonido, con alguna influencia de la psicodelia (vía Jimi Hendrix) .

La fusión de rock, blues y jazz, y los sonidos étnicos dan un toque especial y original al disco, con versiones excelentes como "Oye Como Va" (Tito Puente) y "Black Magic Woman" (compuesto por Peter Green de Fleetwood Mac).

Santana y su banda, no solo tocan de lujo, también participan en la composición: Santana hace el genial "Samba pa ti”, uno de los instrumentales más bonitos que he escuchado, interpretado, además, de una manera genial, espectacular y emocionante.

Abraxas, obtuvo el primer puesto en las listas americanas durante seis semanas y más de un millón de copias vendidas por aquel entonces, algo rarísimo y difícil para un grupo básicamente instrumental, como el de Carlos Santana.

Posteriormente tendría una carrera llena de altibajos, tanto artísticos como comerciales, alternando discos muy buenos, aunque, para mi gusto, nunca al nivel de Abraxas, con otros más que mediocres, y grandes superventas con periodos en los que casi ha desaparecido.

Pero ha podido llegar hasta el día de hoy, y ha podido ver como el estilo que prácticamente inventó está más de moda que nunca, lo que hace que pueda presumir de ser el artista que más grammys ha conseguido en un mismo año, un total de 8 para su disco “Supernatural”, de 1999.

lunes, enero 15, 2007

BRIAN SETZER. ”The Knife Feels Like Justice” (1986, Razor & Tie)


Tras la primera disolución de los Stray Cats, Brian Setzer grabó un par de discos que lo alejaban de su habitual sonido rockabilly.

Este es el primero de ellos, un disco muy bien producido, en el que prueba con un rock americano estilo Tom Petty o John Mellencamp, que tal vez despistó un poco a los fans más rockabillys.

Un disco prácticamente único en su discografía, ya que el siguiente (“Live Nude Guitars”) es diferente, más sencillo y muchísimo más guitarrero, y con un sonido mucho más sucio, este es un disco de rock americano clásico, de banda, con un acompañamiento de teclados en la línea de lo que se venía haciendo en la época, y un sonido muy cuidado.

Se le critica por ser un disco muy comercial, pero yo no lo creo, al menos no creo que esa fuera la razón del cambio de estilo, Brian Setzer ya tenía el suficiente éxito con los Stray Cats como para seguir vendiendo sin cambiar de estilo. Quería sonar diferente, hacer cosas nuevas, probar nuevos sonidos. Y, lo más importante de todo, las canciones son muy buenas.
La critica lo veía como un intento de convertir a Brian Setzer en un artista maduro, serio, incluso en la imagen, y tal vez sea así, pero eso no se traduce ni mucho menos en una música mediocre, sino al contrario, en un disco brillante, una gran demostración de que este talentazo podía hacer muchas más cosas que centrarse en el rockabilly, (género que a mí me encanta desde siempre, pero que tiene sus limitaciones) como demostró después recuperando y volviendo a poner de moda el Swing, con su BS Orchestra.
Simplemente le apetecía cambiar un poco, y realiza, acompañado, eso sí, de grandes músicos como Mike Campbell, un disco bastante brillante, con su habitual competencia como cantante y guitarrista, y añadiendo una banda de Rock en toda regla (teclados, batería, etc) que le da más posibilidades.
A estas alturas es evidente que Brian Setzer es un guitarrista de rockabilly (tal vez el mejor), y es lo que mejor hace, pero no estaría de más que hiciera más incursiones de este tipo, en el rock americano clásico, con grandes canciones tipo The Knife Feels Like Justice, Boulevard of Broken Dreams, Aztec, Bobby´s Back,...

Un gran músico, en un estilo y un sonido que no ha repetido. Un disco que merece la pena rescatar.

martes, enero 09, 2007

RORY GALLAGHER. ”Tattoo” (1973, Buddha)


Rory Gallagher es un músico desconocido para muchos, a pesar de que se le cita entre los mejores guitarristas de la historia del rock y el blues.
Es uno de los dioses de la guitarra más subestimados, pero está a la altura e incluso por encima de muchos de mayor renombre.
Con todo, durante sus treinta años de carrera, vendió más de 30 millones de discos, y es uno de los más influyentes rockeros irlandeses y músicos de blues de todos los tiempos. También en España ha sido muy influyente, sus conciertos muy recordados y, por ejemplo, Rosendo ha declarado que le debe el haberse dedicado a la música, a raiz de asistir a uno de sus conciertos en los 70. (Y, de hecho, a Rory Gallagher está dedicada la canción “Agradecido”.

La mayor parte de su éxito comercial y fama la alcanzó a finales de los años 60 (con el grupo Taste, y sobre todo, en los 70. Inexplicablemente (al menos para mí, ya que los discos siguen siendo buenísimos), cayó en el olvido en los 80.

Su prestigio como músico de directo, uno de los mejores directos de la historia (dicho por todo aquellos que tuvieron la suerte de verlo actuar) y sus magníficos discos no le dieron la fama y memoria que mereció, a pesar de ser solicitado por grandes músicos de estilos tan diversos como Blues, Rock o incluso Folk (tocó en discos y actuaciones, por ejemplo, de The Dublinners, o de Davy Spillane), y se dice que le ofrecieron nada menos que sustituir a Brian Jones en los Rolling Stones. A lo que renunció, porque quería hacer su propia música.

Influenciado por los sonidos “negros”, toca y canta como si de un negro se tratara, en un estilo muy parecido, por ejemplo, al de Albert King. Su música es blues-rock interpretado con emoción, casi con rabia, con una voz desgarrada, rabiosa pero a la vez dulce, y unos solos y riffs llenos de energía, intensidad y potencia.

A pesar de no abandonar el clásico Blues Rock, se las arregla para que sus canciones suenen personales, originales y, sobre todo, sinceras. Poco a poco fue, además, endureciendo su sonido, hasta acercarse al Hard Rock.

“Tatoo” es, para mí gusto, su mejor disco, aunque nos dejó varias joyas antes de fallecer, tras muchos problemas con el alcohol, el 14 de junio del año 1995, cuando su hígado dijo basta. Tenía 46 años.

En este disco se encuentra una de mis canciones favoritas de todos los tiempos, la fabulosa “Tattoed Lady”, pero es que todas las canciones son buenas, “cradle rock”, “A million Miles Away”,...

Un músico y un disco imprescindibles en cualquier colección que se precie. Te gustará si te gusta el blues, te gustará si te gusta el Rock o el Hard Rock y hasta si te gustan los sonidos más folks, más irlandeses.

martes, enero 02, 2007

THE SLEEPY JACKSON "Personality (One Was A Spider, One Was A Bird)" (2006, Astralwerks).


Vamos a empezar el año con el que, para mí, es el mejor disco y el gran descubrimiento del año 2006.

En realidad, The Sleepy Jackson, más que un grupo, es el proyecto de un solo músico, el australiano (de Perth) Luke Steele, cantante, compositor, productor, arreglista y multi- instrumentista.

Después de un disco debut muy bueno (“Lovers”, del año 2003) , pero que pasó casi desapercibido y no tuvo apenas distribución, necesitó tres años para preparar este segundo LP, “Personality”, esta vez con mucha más distribución, lo que le ha permitido ser un poco más conocido fuera de su país.

De entrada, la producción está tremendamente cuidada, en la línea (sesentera, barroca y preciosista) de los grandes productores de Sunshine pop, tipo Curt Boetcher, una producción muy trabajada y elaborada, con un gran gusto por los arreglos, las melodías, las orquestaciones (estilo Spector, como no) y los coros y armonías, en la línea de grandes como los Beach Boys o los Beatles.

Así, combina melodías y guitarras al puro estilo George Harrison (“Devil Was in My Yard”) con canciones más elaboradas, de pop más barroco, como la que abre el disco “You Needed More” , mi favorita “God Knows”, o la gran balada “Miles Away”. Tiene también elementos del pop Glam (Tal vez la voz, que a mí me recuerda a la de Marc Bolan) como por ejemplo en “God Lead Your Soul”, o en “Dream On”. Y, además, no se queda anclado en los sonidos sesenteros, sino que las canciones suenan modernas, en un estilo psicodélico, en la línea de sus amigos y colaboradores Flamin Lips o Mercury Rev.

En fin, un disco sensacional, que merece la pena escuchar, de un músico que, al menos, trata de elaborar pop del bueno, melodías, coros, todo eso que se va perdiendo para buscar más “canciones inmediatas”, propias de la era internet, donde casi todo son ventajas pero, a veces, hace que con demasiado para escuchar y poco tiempo, cada vez tengamos menos paciencia para escuchar los discos con la calma que muchos merecerían.

Se agradece que haya músicos que todavía sigan buscando la belleza en voces, coros y arreglos, y la melodía perfecta. A veces aciertan, a veces caen un poco en el exceso, en la grandilocuencia.

En fin, poco más de 40 minutos que se hacen muy cortos, y que merece la pena escuchar con calma. Ya se hacen muy pocos discos así. No me refiero a así de buenos en plan nostálgico, en plan “no se hacen como antes”, ni mucho menos, me refiero a que pocos son los músicos que siguen apostando por este estilo.

Luke Steele sí apuesta y, además, para mi gusto, al menos en lo artístico, gana. Ojalá lo comercial le vaya igual de bien, el disco lo merece.

Muy recomendable.